sábado, 27 de noviembre de 2010

¡Cómo brillan las estrellas!

Un físico de origen ruso, George Gamow (gran divulgador de la ciencia además), desentrañó en la década del 30 cómo funcionaban las estrellas. Algo que había sido un misterio para la humanidad durante milenios, y aun para la física durante siglos, empezaba a develarse. Las estrellas brillan, durante muchos millones de años, mediante la fusión nuclear de elementos químicos livianos en elementos más pesados. Estas reacciones termonucleares (así las bautizaron Gamow y sus colegas) sólo son posibles en sus centros supercalientes, donde las altísimas temperaturas (mucho mayores que los 5700 C de la superficie del Sol, por ejemplo) permiten a los núcleos atómicos vencer la repulsión eléctrica debida a que todos tienen carga positiva. La fusión nuclear de elementos livianos es exotérmica: al producirse libera energía, lo cual contribuye a mantener la temperatura del centro de la estrella y sostener las reacciones. En la fusión se crean nuevos elementos químicos: el sueño de los alquimistas hecho realidad. Nacidas del gas y polvo interestelar por colapso gravitacional de una nebulosa, las estrellas viven sus vidas generando nuevos elementos químicos, que devuelven al medio interestelar al final de su existencia. Son las grandes recicladoras de la materia en la Galaxia. Era un descubrimiento fenomenal y Gamow estaba chocho. Esa noche salió con su novia. Sentados en el banco de una plaza pensaba cómo contárselo. Entonces la novia de Gamow dijo algo así: "¡Ay, George, mirá qué lindo cómo brillan las estrellas!". Gamow vio la oportunidad y replicó: "Sí, y esta noche, en todo el mundo, ¡yo soy el único que sabe CÓMO brillan! ¿Te cuento?". Se casaron y fueron felices. Ahí tenés: lo romántico no quita lo científico.

Gamow era un tipo fenómeno, muy divertido. Durante su doctorado y los primeros años de su carrera visitó y trabajó en Götingen, en Copenhagen y en Cambridge, en cuyas universidades se estaba forjando la nueva física, la mecánica cuántica. Vivió desde adentro esta tremenda revolución científica y la contó en sus libros de divulgación. Cuando, junto con su estudiante Alpher, descubrieron el mecanismo de nucleosíntesis del Big Bang (uno de los primeros pasos teóricos en el establecimiento de la actual teoría de evolución del universo), se le ocurrió publicarlo con un autor adicional: Hans Bethe, con el único propósito de que los autores fueran Alpher, Bethe y Gamow... Bethe era un físico famoso de Estados Unidos, que no había tenido nada que ver con el trabajo, y a quien ni siquiera consultó para la broma. El artículo, a pesar del extraordinario título Sobre la síntesis de los elementos, siempre se conoció como "el paper αβγ". Buenísimo. Se interesó también por otras áreas de la ciencia, y Francis Crick contaba incluso que Gamow le había sugerido que el código genético estaba escrito con cuatro símbolos combinados en tripletes.

Cuando cursaba el primer año del Colegio Nacional mi profesora de matemática, la Lewin, me prestó un libro de Gamow. Se llamaba Uno, dos, tres...infinito, y me reveló un mundo extraordinario que, en mi infancia de naturalista, había ignorado: el de la ciencia y la matemática modernas. La Lewin me prestó su propia copia, a pesar de que en la biblioteca del Colegio había cien mil volúmenes a nuestra disposición. Apenas lo devolví la profesora se lo prestó a mi compañero Javier Fernández, y yo saqué el ejemplar de la biblioteca para volver a leerlo. Y luego todos los libros de Gamow que había: Biografía de la Tierra, Treinta años que conmovieron la física, Gravedad... Eran un poco viejos ya entonces, y ahora lo son aún más, pero creo que todavía se los puede recomendar. Un libro bien escrito no envejece.

Los libros están magníficamente ilustrados por el propio Gamow. La imagen de aquí arriba es de una serie de novelas protagonizadas por Mr. Tompkins (el señor que va en bici, muy parecido al propio Gamow). En sus aventuras, Tompkins viaja a la velocidad de la luz y experimenta la relatividad, o se achica al tamaño de un átomo y vive en carne propia la mecánica cuántica. Están buenísimas.


Post scriptum: Recuerdo haber leído la anécdota sobre el brillo de las estrellas en uno de sus libros. Sin embargo no puedo recordar cuál, y al buscar información en la web encontré la misma historia atribuida a uno de sus colegas de aquel trabajo, el físico Fritz Houtermans, también de gran sentido del humor (el otro era el astrónomo Robert Atkinson) ¡Ahora no sé la verdad! ¿O habrá sido Eddington? (sus cálculos permitieron por primera vez formular un modelo físico del interior de una estrella, lo cual llevó a Atkinson y Houtermans a reclutar a Gamow, que sabía de física nuclear, para desentrañar el mecanismo). Existe una autobiografía de Gamow, titulada Mi línea de mundo, pero no la leí. Si alguien tiene la posta, que la cuente. Igual, se non è vero, è ben trovato...

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sábado, 20 de noviembre de 2010

Lunas grandes, lunas chicas

Estas dos fotos de la luna llena fueron tomadas con la misma cámara, a través del mismo telescopio, y desde el mismo lugar de la Tierra (el balcón de mi casa). ¿Por qué una es más grande que la otra? No, la respuesta no tiene nada que ver con la ilusión que hace parecer a la Luna más grande cuando está cerca del horizonte (es una verdadera ilusión, así que no se la puede fotografiar). No, tampoco es un truco de Photoshop. Siga leyendo para enterarse.

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martes, 16 de noviembre de 2010

Lo esencial es invisible a los ojos

Si estás en Bariloche el próximo viernes 19/11, venite a mi charla en el ciclo Cafés Científicos del Instituto Balseiro. Es en el Quincho del Personal del CAB, en Playa Bonita, a las 19:30 horas. Para todo público. Gratarola, obviamente. Si está despejado, además, observaremos la Luna por el telescopio.

El cielo estrellado, la Luna y los planetas, cúmulos de estrellas, nebulosas fluorescentes y galaxias lejanas, son hermosos espectáculos naturales que podemos disfrutar a ojo desnudo o con ayuda de telescopios. Pero nuestros ojos perciben sólo una pequeña parte del deslumbrante espectáculo electromagnético que emite el universo. Desde mediados del siglo XX, pero especialmente en las últimas décadas, sofisticados instrumentos, en tierra y en órbita, han comenzado a mostrar el universo oculto a la vista. Recorreremos algunos de estos descubrimientos, paseando por todo el espectro electromagnético.

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sábado, 13 de noviembre de 2010

Cazador cazado

Las constelaciones son fruto de la imaginación humana, no de la naturaleza. Pero están tan enraizadas en nuestra cultura que la astronomía no se ha desembarazado de ellas. Después de todo, ¿por qué no dividir el cielo en rectángulos de 18°x18°, en lugar de llenar libros de ciencia con los nombres de personajes de ficciones milenarias, con formas apenas insinuadas por un puñado de estrellas? ¿Por qué los astrónomos de la revolución científica de los siglos XVI a XVIII siguieron haciéndolo, poniéndoles nombres como Mesa o Indio a las constelaciones del hemisferio sur? Porque nadie se resiste a una buena historia. Por eso. Y las historias de las constelaciones están muy buenas, y vienen capturando nuestra imaginación desde hace cientos de generaciones. Cuando yo era un niño las historias mitológicas de las constelaciones me gustaban tanto como las noticias de los viajes a la Luna y los planetas, que estaban en auge.

¿A cuento de qué viene todo esto? Bueno, en esta época del año podemos ver el final de una de estas historias, protagonizada por dos de las constelaciones más fáciles de identificar: Orión y Escorpio.

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sábado, 6 de noviembre de 2010

Dreamworks

Ubican a Dreamworks, ¿no? El exitoso estudio de cine fundado por Spielberg, Katzenberg y Geffen, conocido especialmente por muy buenos films de animación: Antz, Chicken run, Shrek, Madagascar, Wallace & Gromit...

La secuencia inicial de Dreamworks es famosa. Muestra una escena de ensoñación, en la que vemos una luna en un cielo nublado. De golpe se ve una salpicadura, y se revela que estamos viendo un reflejo en el agua. La cámara sube y vemos a un niño sentado en el cuerno de la luna creciente, pescando. Por si no la recuerdan, acá está la secuencia (si está roto el link, busquen en la web y la van a encontrar).

¿Cuál es el error en esta secuencia? No, no me refiero al hecho de que un chico no se puede sentar a pescar en el cuerno de la luna. Podemos conceder ese error astronómico como una licencia poética. Hay un error más sutil...

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jueves, 4 de noviembre de 2010

Cometita


Hace apenas una hora un robot de la Tierra, la sonda espacial EPOXI (née Deep Impact) sobrevoló el cometa Hartley 2 a la pasmosa distancia de apenas 700 km. La NASA lo transmitió en vivo por la Web. Estuvo buenísimo, fue muy emocionante ver a todo el equipo festejando. De inmediato se vieron las primeras imágenes. El cometa tiene un núcleo pequeño (comparado con otros cometas que conocemos), de apenas 1 km y medio de largo. Emily Lakdawalla inmediatamente subió esta imagen capturada del canal en vivo a su álbum. El cometa tiene forma de maní, o de hueso de juguete de perro. Se ven los chorros de vapor y polvo saliendo de la superficie, apuntando hacia el Sol (que está a la derecha de la foto) y hacia otras direcciones. Esta es una de las fotos de más resolución, pero habrá más en las próximas horas. Es muy impresionante. Sí, se ven cosas raras: los extremos parecen pilas de escombros y rocas grandes sueltas, y el "cuello" se ve suave, como si fuera arena (?). Es posible que el núcleo sea binario, con dos partes más bien duras en contacto, y con el cuello relleno de material más fino. ¿Cómo será el campo gravitatorio de un cuerpo así? Tal vez el cuello es "plano" en un sentido hidrodinámico, con su superficie coincidiendo con un equipotencial. En unas horas habrá imágenes de mayor resolución.

Sabemos bastante poco de los cometas, a pesar de que varios núcleos han sido visitados por sondas automáticas. Y la mayor parte de lo que sabemos lo han suministrado estas visitas fugaces. En el cielo de la Tierra se ven hermosos. Todos los que lo vimos recordaremos siempre el extraordinario cometa McNaught, que nos deslumbró a principios de 2007. Miren esta foto con el cometa sobre Bariloche y la cordillera. En el cielo se ven deslumbrantes, por el brillo de sus colas de polvo y gas iluminadas por el sol. Pero sus núcleos duros son negros, negros como el carbón, negros como el tóner de la fotocopiadora. Están hechos de hielo (de agua, de amoníaco, de CO2...) pero cubiertos de una cáscara calcinada en los primeros tiempos del sistema solar, cuando el Sol era joven y energético...

No podía esperar hasta el sábado para contarlo.

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