sábado, 15 de septiembre de 2012

La Luna oculta a Júpiter

Las órbitas de los planetas del sistema solar están casi en un mismo plano. También las de los satélites y muchos otros cuerpos menores. Esto no es una casualidad, sino una rigurosa consecuencia de las leyes de la física durante las etapas tempranas de la formación de un sistema estelar. Cuando una nube de gas y polvo interestelar empieza a contraerse bajo su propio peso, empieza a girar cada vez más rápido (como una patinadora cuando junta los brazos). La fuerza centrífuga debida a la rotación hace que la nube se vaya aplanando en la dirección del eje de rotación y estirando en el plano perpendicular a él. En no más de 100 mil años (un parpadeo en la vida de una estrella) la nube se achata formando un disco alrededor de la proto-estrella. En ese disco se forman los planetas y otros cuerpos menores, y la mayoría de ellos allí quedan orbitando para siempre.

Vistas desde la superficie de la Tierra todas estas órbitas ocupan una franja estrecha del cielo, un camino por el que van y vienen el Sol, la Luna y los planetas. En estos vagabundeos zodiacales se acercan y se alejan unos de otros. Conjunciones, eclipses, tránsitos, ocultamientos, son todos eventos mutuos en los que distintos cuerpos se aproximan en el cielo, y hasta se superponen, tapan, ocultan. Algunos son relativamente comunes, otros muy raros. En este blog somos fanáticos de estos eventos y no nos perdemos uno. Así que el sábado pasado, cuando una inesperada mejoría meteorológica limpió el cielo de Bariloche, nos apresuramos a sacar el telescopio al jardín para observar... ¡un ocultamiento de Júpiter por la Luna!

Cuando tenía unos 10 años leí con estupor en el diario La Prensa: "La Luna ocultará a Júpiter a fin de mes". ¿Qué? ¿Cómo era posible? Y sobre todo ¿cómo sabían? En esa época no tenía ni un miserable binocular, así que no pude ver el evento. Bueno, este sábado me puse al día. Poco antes del amanecer el planeta gigante, su brillo confundiéndose en el resplandor de la Luna, se fue acercando despacito y se metió atrás de la Luna. Miren qué bonito. Aquí está a punto de esconderse.

Aquí lo vemos más de cerca. Si alguien puede ver una tenue franja cruzando la cara de Júpiter, es real: es una de las bandas de nubes oscuras que adornan la atmósfera superior del planeta gigante. (Click en la foto para verla más grande.)

Hay un montón de hermosas formaciones lunares visibles en esta foto. Observen cómo varios de los cráteres gigantes que se destacan en la zona de transición entre el día y la noche muestran unos puntitos brillantes en el medio. Son montañas centrales, típicas en muchos cráteres, resultado del impacto que les dio origen hace miles de millones de años. Aquí vemos iluminadas sus cimas mientras las bases están todavía en sombras.

Usando varias fotos armé esta peliculita donde se puede ver el progreso del ocultamiento. Algo menos de una hora después, cuando ya había salido el Sol y el cielo era bien celeste, el planeta reapareció por el otro borde de la Luna, en el lado no iluminado. En el momento que el disco del planeta aparece y se lo ve cortado en diagonal por el borde invisible de la Luna, de golpe se completa la imagen circular del satélite, ¿no? Es como en esta conocida ilusión óptica.



El sábado que viene: Última parte de El enigma de Turing...

La imagen del Triángulo de Kanizsa es de Wikipedia, a donde remite el enlace. Las fotos son mías, tomadas desde Bariloche con ayuda de mi compinche Eduardo Andrés.


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