sábado, 26 de mayo de 2012

El anillo de fuego

¿Recuerdan la Superluna de hace tres semanas? Como conté ya otras veces, se trató de una Luna llena coincidente con el punto más cercano de la Luna en su órbita (que no es circular sino ovalada). Dos semanas más tarde, media órbita más adelante, la Luna nueva coincidió con el punto más lejano de la órbita, así que fue una mini Luna nueva. Además, quisieron las circunstancias orbitales, pasó justo delante del Sol, produciendo un eclipse de Sol. Esta mini Luna pequeñita no alcanzó a tapar completamente el disco del Sol, de manera que los afortunados observadores de la estrecha franja de observación del eclipse pudieron —pudimos— disfrutar, en cambio, de un raro eclipse anular. Un anillo de fuego solar fue visible, durante unos pocos minutos, alrededor de la silueta oscura de la cara nocturna de la Luna. Un espectáculo inusual y hermoso.

Yo observé el fenómeno desde la ciudad de Albuquerque, situada casi en el centro de la sombra de la Luna sobre la superficie terrestre (mi punto de observación estaba apenas a 10 km del centro exacto). Así que el anillo se ve perfectamente centrado en este panorama. El eclipse ocurrió al atardecer del domingo 20 de mayo, bastante cerca del horizonte, y el Sol se puso con el astro todavía parcialmente eclipsado. El enrojecimiento del Sol en las dos últimas de estas fotos (tomadas a través de un filtro especial) se debe que la pareja celeste estaba ya muy baja en el cielo. En la superficie del Sol pueden verse varios grupitos de manchas solares, ya que el Sol está entrando en su fase de máxima actividad.

Al ponerse el Sol eclipsado el filtro natural de la atmósfera fue suficiente para observarlo y fotografiarlo directamente. El aspecto inusual de "Sol creciente" recortado contra el paisaje era encantador. Como se ve en esta foto, en la que el Sol parece una aleta de tiburón asomando tras el horizonte. La silueta de uno de los muchos volcanes extintos de New Mexico puede verse a su derecha.

Finalmente, en un santiamén, el tiburón se sumergió. La refracción óptica en la atmósfera produjo este raro efecto, un aplastamiento en la dirección vertical que acabó por deformar completamente la "medialuna" solar.

Dos días después la delgada Luna creciente se dejó ver junto al planeta Venus. Una encantadora vista, desde el mismo sitio desde donde el domingo habíamos disfrutado del eclipse. La Luna y Venus cruzan sus caminos: el satélite alejándose del Sol tras el eclipse, el planeta dirigiéndose a su encuentro con el astro en su tránsito del próximo 5 de junio. (¿Recuerdan la conjunción durante la máxima elongación de Venus, cuando pegó la vuelta para dirigirse al Sol?)

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sábado, 19 de mayo de 2012

Los cometas de mi vida

El cielo nocturno es hermoso e inspirador. Es uno de los mejores espectáculos naturales, gratuito y al alcance de todo el mundo. Casi todas las noches podemos disfrutarlo, pero en raras ocasiones hay eventos especiales que uno atesora en la memoria. Los cometas son eventos de este tipo. El que ha visto un gran cometa no se lo olvida jamás. Si bien hay cometas "telescópicos" casi todo el tiempo, los cometas brillantes, o hasta modestos, son raros. Los Grandes Cometas, los que son evidentes al observador casual, son muy raros, alrededor de una docena por siglo. Yo he tenido bastante suerte, y aquí los repaso.

Para empezar, algunos que no vi, pero que me gusta recordar. El año en que yo nací, 1965, se vio uno de los cometas más brillantes de la Historia, el cometa Ikeya-Seki. Nadie de mi familia recuerda haberlo visto; no sé, tal vez no se vio desde Buenos Aires. ¿Alguien recuerda haberlo visto desde algún lugar de la Argentina? Esta es una foto típica del Ikeya-Seki (de Mike Jewell). Este cometa forma parte de una familia llamada Kreutz sungrazers, cometas rasantes del Sol que, se conjetura, son descendientes de un enorme cometa que se partió en pedazos hace siglos. Varios miembros de la familia han sido grandes cometas, como el Ikeya-Seki y el Lovejoy, que cerrará esta nota.

El primer cometa cuyo nombre recuerdo es el Kohoutek, de 1973. Recibió mucha publicidad, anunciándose que sería enormemente brillante, el proverbial "cometa del siglo". Yo recuerdo haber mirado el cielo intensamente, a ver si lo encontraba. Kohoutek fue una desilusión pública porque no alcanzó el brillo prometido, pero fue sin embargo un buen cometa. Yo, mirando el cielo al azar sin saber dónde ni cuándo buscarlo, no vi nada. Tenía más o menos la edad que tenía Kepler cuando vio el Gran Cometa de 1577, que lo puso en el camino de la astronomía. Esta es una foto de la NASA que encontré en Wikipedia.

El último de los cometas perdidos de mi infancia es el fabuloso cometa West, de 1976. Pobre, tras el fiasco del Kohoutek los medios periodísticos lo ignoraron, pero fue un cometa extraordinario. Yo no supe nada de este cometa hasta años después, pero me fascinaba. Como se ve en esta foto de Kunihiro Shima, tenía una cola que parece una crin de caballo. Recuerdo haber mirado estas fotos con una mezcla de incredulidad y bronca por habérmelo perdido. Tuve mi revancha con el cometa McNaught años más tarde, que fue muy parecido.

En 1986 regresó el famoso cometa Halley. Con unos amigos nos fuimos en marzo a Villa Gesell para observarlo desde algún lugar más oscuro que Buenos Aires. Fue una desilusión, ya que no alcanzó el brillo esperado. Apenas se lo veía, pero fue muy lindo. No puedo encontrar ninguna de mis fotos de entonces, así que pongo ésta, tomada por Damián Zanette desde Bariloche. Yo mismo me mudé a Bariloche en agosto de ese año, que se convirtió en una de las bisagras de mi vida.

La siguiente bisagra fue en 1995, cuando me mudé a Trieste, Italia. El cometa Hyakutake adornaba los cielos del hemisferio norte, fácilmente visible a ojo desnudo. No tengo fotos propias, pero recuerdo nítidamente cómo se veía. Con Gabriela nos tirábamos en la terraza de este edificio en el ICTP (en ese entonces una obra en construcción) para observarlo. Se veía más o menos como en esta composicón. Nos acomodábamos panza arriba detrás de esos mástiles.

En 1997 no hubo ninguna bisagra, pero el cometa Hale-Bopp fue realmente extraordinario. Se veía sin dificultad desde Trieste, desde el balcón de nuestro departamento. Hicimos un par de excursiones a sitios más oscuros, y era impresionante. Tengo un par de lindas fotos, tomadas con la cámara fija en un trípode, que capturaron las dos colas del cometa, la blanca de polvo y la azul de plasma.

En los primeros días de 2007 supe de este cometa, que parecía brillante desde el hemisferio norte, pero que rápidamente estaba cambiando de hemisferio. Apenas estuvo en una posición favorable nos quedamos un día hasta tarde en la playa. Lo vi ponerse sobre el Cerro Catedral al atardecer, con el cielo bien iluminado todavía. Inmediatamente me di cuenta de que sería un cometa extraordinario, así que saqué fotos y mandé notas al diario digital de Bariloche, para que la gente no se lo perdiera. Durante varias semanas, cada vez más notable a medida que se alejaba del Sol (¡llegué a verlo al mediodía!), el cometa McNaught extendió su increíble cola sobre la Cordillera de los Andes. Saqué algunas lindas fotos con mi cámara compacta. No tenía todavía una réflex digital y lo lamenté, así que apenas pude me compré una.

Siguieron varios años de cometas intrascendentes, pero no me los iba a perder. El cometa Holmes es un cometa periódico que se conoce desde el siglo XIX. Durante su paso en octubre de 2007 aumentó su brillo de golpe un millón de veces, la erupción más grande registrada en un cometa, que formó a su alrededor una cabellera grande como el Sol. No estaba bien ubicado para Bariloche, pero alcancé a fotografiarlo tenuemente. ¿Lo verán en la foto? Es muy tenue, cerca de las copas de los árboles, perdiéndose en el resplandor del atardecer. Arriba brillan las Pléyades. Es una linda foto, a pesar del casi invisible cometa.

¿Y el cometa periódico Tuttle? Es la nubecita verde en medio de las estrellas de Piscis, en esta foto de 26° de ancho, de enero de 2008. Lindo color, pero no muy vistoso...

El Año Internacional de la Astronomía 2009 no podía pasar sin un cometa brillante. El cometa Lulin no fue muy popular, pero en esta foto tomada durante una visita al observatorio del Hotel Galileo en Villa Catedral salió bastante lindo. También es verdoso.

La más reciente de las agradables sorpresas de las regiones lejanas del sistema solar llegó para la Navidad de 2011. El cometa Lovejoy, un sungrazer que sobrevivió a su vuelo rasante sobre el Sol, alcanzó la categoría de Gran Cometa al hacerse visible a ojo desnudo. Lamentablemente, creo que por verse durante la madrugada mucha gente se lo perdió. Aunque se veía desde Bariloche me fui a lugares más oscuros para sacar fotos. Ya las mostré aquí, pero vaya ésta de recuerdo. El cometa se destaca sobre las nubes de estrellas y de polvo de la Vía Láctea austral.



Casi todas las fotos son mías, salvo donde he indicado otras fuentes. Si quiere usarlas, por favor pídalas. Tengo versiones de más resolución, también. Del McNaught y del Lovejoy tengo unas cuantas más, todas muy lindas. Pueden verse en mi galería de astrofotos (nueva dirección).

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sábado, 12 de mayo de 2012

El color del Sol

Esta nota se ha vuelto enormemente popular. Si querés leer otra linda nota sobre nuestra estrella, no te pierdas El poder del Sol. ¡Medimos su increíble energía desde el balcón de casa!

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Hace poco, cuando comenté sobre el tamaño del Sol visto desde los distintos planetas, hice una figura con el Sol pintado de amarillo. Y me quedé pensando. ¿Por qué pinté el Sol de amarillo? Por tradición, evidentemente. Désele a un niño una caja de crayones y una hoja de papel y pídasele que dibuje el Sol. Usará el crayón amarillo. Seguro, cien por ciento de las veces.

Sin embargo, el Sol es blanco. Ups.


La luz del Sol, como sabemos, está compuesta por luces de colores. Son los colores que vemos en el arco iris, que forman el espectro del Sol. Como cualquier cuerpo incandescente, el Sol emite luz en un continuo de colores, en el que la intensidad de cada uno depende de la temperatura del cuerpo. El espectro del Sol es en gran medida el de un cuerpo a 5778 K (que son 5505 °C). Esta temperatura hace que el máximo de intensidad esté en el color verde del espectro. Sí: el color que aparece más intensamente en la luz del Sol es el verde, o mejor dicho el verde-azulado. Esta figura preparada por el equipo del instrumento MODIS de la NASA muestra el espectro solar. Las tres líneas anaranjadas de la región visible (izquierda) son las bandas azul, verde y roja de MODIS. El máximo de irradiancia está entre azul y verde.

Sin embargo, la mezcla de colores de la luz del Sol es blanca. ¡Si el Sol fuera amarillo, un objeto blanco no se vería blanco sino amarillo! Un objeto blanco es uno que refleja por igual todos los colores que recibe. La nieve, las nubes, son buenos ejemplos. Si el Sol fuera amarillo, las nubes serían amarillas. La nieve sería amarilla.

Por otro lado, la definición fisiológica de una luz blanca es una luz que excita los sensores de color en los conos de la retina por igual, y con suficiente intensidad (si la excitación no es muy intensa, la percepción es gris). La luz del Sol es tan intensa que satura la excitación de los tres tipos de conos, de manera que el Sol es blanco.

De todos modos, debería haber alguna explicación de por qué pintamos el Sol de amarillo. Busqué en la web, y no me satisface ninguna de las respuestas que encontré. Se dice, por ejemplo, que la atmósfera dispersa parte del azul, y que por eso se ve el Sol corrido hacia el amarillo. Pero que desde el espacio exterior se lo ve blanco. Sin embargo, la noción de "blanco" es anterior a los viajes espaciales. Nuestros ojos evolucionaron bajo esta luz del Sol, filtrada por la atmósfera de nitrógeno y oxígeno de nuestro planeta. Ésa es la luz que vemos blanca.

Cuando algún medio lo filtra lo suficiente, y podemos mirarlo sin deslumbrarnos (y sin peligro), por supuesto que el color puede ser otro. A lo mejor por ahí viene la explicación: cuando podemos mirarlo a la cara, el Sol no es blanco. Al salir y al ponerse, por ejemplo, la luz directa del Sol atraviesa varios miles de kilómetros de aire denso, de manera que el azul se dispersa con bastante eficacia y se lo ve, ciertamente, más amarillo, anaranjado o rojo. Como en esta foto del atardecer en Monte Hermoso.

Cuando lo filtran las nubes, si tiene algún color, es muy sutil y no llego a decidirme.

Cuando lo filtran las cenizas volcánicas, lo he visto con un tono azulado. En esta foto tomada por Martín Moliné, sin embargo, analizando el tono en distintos puntos del disco solar da entre anaranjado y amarillo, muy desaturado. Pero no sé cómo calibró Martín su cámara para esta foto, y además el Sol estaba a apenas 8° de elevación. A lo mejor veo sólo el enrojecimiento atmosférico. (Miren con atención, se ve una mancha solar en esta foto.)

¿Y cuando está alto, sin nubes ni ceniza? ¿Es posible que el Sol, alto en un cielo despejado, se perciba de un color amarillo por contraste con el azul que lo rodea? El amarillo es el color complementario del azul, después de todo. Y mientras se puede observar sin dificultad el cielo azul, mirar al Sol "duele" (y hace daño, no lo hagan!).

En definitiva: le he dado vueltas a esta cuestión pero todavía no tengo una respuesta que me satisfaga del todo. Qué se le va a hacer.


El dibujo es de la pequeña Margarita Llosas. La foto del Sol poniente es mía (Monte Hermoso) y la otra, como dije es del amigo Moliné. El espectro es de la NASA.

NUNCA MIRE DIRECTAMENTE AL SOL SIN PROTECCIÓN ADECUADA. EL DAÑO QUE PRODUCE ES GRAVE E IRREVERSIBLE. SI NO SABE CUÁL ES LA PROTECCIÓN ADECUADA, NO MIRE AL SOL Y PUNTO.

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sábado, 5 de mayo de 2012

Las desventuras de Le Gentil

En breve ocurrirá un tránsito de Venus delante del Sol. Es un hecho raro, un mini-eclipse que puede verse desde la Tierra cada 125 años, en dos eventos separados por 8 años. En los siglos XVIII y XIX estos tránsitos fueron de gran interés porque permitieron medir el tamaño del sistema solar y establecer la unidad astronómica fundamental: la distancia entre la Tierra y el Sol. En el siglo XX no se produjo ninguno. Hoy en día son apenas una curiosidad. ¡Los astrónomos ya están viendo tránsitos de planetas anónimos delante de otras estrellas!

El tránsito anterior, en 2004, fue visible desde la Argentina mientras yo estaba en Estados Unidos. El próximo tránsito, el 5 de junio, ¡será visible desde Estados Unidos y yo estoy en la Argentina! Por una serie de afortunadas casualidades, sin embargo, podré viajar para verlo, y ya lo contaré aquí. Mientras tanto, quiero contar brevemente la historia de mi tocayo Guillermo Le Gentil, un astrónomo francés que vivió las mil y una para observar un tránsito de Venus en el siglo XVIII. Es un poco larga, pero no teman, que vale la pena.

Le Gentil

Guillermo José Jacinto Juan Bautista Le Gentil fue un destacado astrónomo francés de la época en que la astronomía vivía una tremenda expansión gracias al telescopio y a la mecánica newtoniana. Muchos conocerán la Nebulosa Laguna, por ejemplo, que fue descubierta por él. Halley (el del famoso cometa) había sugerido a principios del siglo aprovechar el tránsito de Venus en 1761 para medir la distancia entre la Tierra y el Sol, un problema que desvelaba a los astrónomos desde hacía siglos. Se requerirían mediciones cuidadosas desde distintos lugares de la Tierra, así que al acercarse la fecha se organizaron expediciones científicas para hacerlo. Algunas tuvieron éxito, otras no (siempre puede nublarse, crucemos los dedos...). La de Le Gentil fue la más desafortunada de todas.

El viaje de Le Gentil duró once años, y es seguramente la expedición astronómica más larga de la Historia. Hasta los futuros viajes a Marte probablemente durarán menos. En 1760 el Gobierno de Francia y la Academia le encargaron una de las expediciones francesas, con destino Pondicherry, una colonia francesa en la India. Le Gentil viajó alrededor de África dando la vuelta en el Cabo de Buena Esperanza (no existía el canal de Suez) y llegó a la isla de Mauricio en julio. Ya se habían extinguido los dodos.

En el Océano Índico

En Mauricio se enteró de que se había desatado una guerra entre Francia e Inglaterra, y que su pasaje asegurado con la East India Company no le valdría de nada. Además, empezaba el monzón y el viaje a Pondicherry obligaría a dar un largo rodeo. Como si fuera poco, enfermó de disentería y temió perderse cualquier barco que partiera. Hizo planes para ir a la isla de Rodrigues (cerca de Mauricio), donde iba a observar su colega el Abate Pingré. En eso llegó una fragata francesa con noticias de máxima importancia para la India (¡no había ningún tipo de telecomunicaciones!) y el Gobernador decidió despachar un buque. Le Gentil saltó a bordo sin pensarlo dos veces (llevaba 8 meses en Mauricio) y el 11 de marzo de 1761 zarparon, con la promesa de llegar a destino en dos meses.

Cerca del Ecuador encontraron vientos contrarios, tal como temían, que los desviaron de la ruta. Por cinco semanas dieron vueltas por el Océano Índico. Finalmente en mayo se aproximaron a la costa Malabar, sólo para descubrir que Pondicherry había caído en manos de los ingleses, y que no se les permitiría desembarcar. Para el estupor de Le Gentil el capitán decidió regresar a Mauricio, en vez de desembarcarlo en algún lugar seguro cercano (tocaron tierra en Ceilán, por ejemplo). Le Gentil no dejó de observar desde el barco. El 6 de junio, encontrándose en alta mar a 5° 45' de latitud sur, y a aproximadamente 87° 15' al este de París, con cielo despejado, observó el tránsito de Venus de principio a fin, desde el barco en movimiento. No es fácil imaginar la frustración que debe haber sentido, habiendo navegado al cuete miles de kilómetros durante un año. Sus observaciones, por supuesto, eran completamente inútiles desde un punto de vista científico. 

Matando el tiempo

Le Gentil regresó a Mauricio y se quedó allí. Se quedó, se quedó y se fue quedando, determinado a regresar a Francia con algo de valor. Hizo numerosas expediciones para determinar latitud y longitud, hacer mapas, y todo tipo de observaciones naturalistas. Pasaron los años y en 1765 empezó a pensar en el siguiente tránsito de Venus, que se produciría en 1769. Ya que estaba en el Índico... Hizo cálculos y decidió ir a observarlo desde Manila.

En mayo de 1766 consiguió pasaje en un buque de guerra español con destino a Filipinas. Sorteando dificultades llegaron a Manila en agosto. Le encantó la ciudad, hizo buenas migas con la high society (peruanos, mexicanos y españoles) pero no le cayó bien al Gobernador, quien lo acusó de falsificar sus cartas de recomendación oficiales. A tal punto que decidió abandonar Filipinas y hacer un nuevo intento desde Pondicherry. Tras larga reflexión se embarcó nuevamente rumbo a la costa de Coromandel en febrero de 1768. ¡En poco más de un mes llegó finalmente a Pondicherry! El Gobernador (de apellido Law, pero no pude averiguar si era inglés...) lo recibió muy bien y mandó construirle un observatorio. ¡Una apoteosis! Era, en sus propias palabras, "la dulce paz que es el sustento de las musas".

La segunda oportunidad

Le Gentil se dedicó a su astronomía y a los estudios naturalistas y meteorológicos que había comenzado en Mauricio, complementados con el estudio de las creencias y la astronomía brahamánicas. Un equipo inglés de Madrás le mandó un excelente telescopio refractor acromático, el último grito de la tecnología, así que estaba chocho: el tiempo era perfecto, estaba en el lugar correcto y con los instrumentos adecuados. Venus se aproximaba inexorablemente a su encuentro con el Sol. Nada podía salir mal esta vez.

¿Nada? Después de un mes de cielos prístinos, Le Gentil se levantó temprano el 3 de junio de 1769, salió al balcón ¡y estaba nublado! ¡Completamente nublado! Desolado, Le Gentil se volvió a la cama. Con sólo escuchar el viento y el ruido del mar supo, con su experiencia de 8 años de meteorología índica, que no lo lograría. A lo largo del día el tiempo empeoró, volviéndose tormentoso. Al final del día la tormenta pasó, y el Sol poniente brilló al fin, en una burla macabra para el francés. No podía recobrarse de su estupor, por dos semanas no pudo escribir una línea en su diario, y cuando tomaba la pluma ésta se le caía de las manos. Para colmo le llegaron noticias de Manila, donde sus amigos peruanos y mexicanos habían observado el tránsito de Venus en todo su esplendor, y hasta tomado mediciones precisas. En fin, no le quedaba más que regresar a Francia, de una vez por todas.

Pero sus dificultades no habían terminado.

Un largo camino a casa

Primero enfermó gravemente, así que recién en marzo de 1770 pudo embarcar, todavía convaleciente. Una vez más desembarcó en la isla de Mauricio, donde trataron de convencerlo de hacer un viaje a Tahití, pero Le Gentil ya estaba hartándose de vagabundear cargando sus petates científicos. En noviembre volvió a embarcar y a dejar atrás Mauricio, creyendo que por última vez. Sin embargo, tras enfrentar huracanes y otros males, en enero fueron obligados a regresar a Mauricio, no habiendo podido dar la vuelta al Cabo. "Este molesto desastre me hizo perder toda esperanza", cuenta Le Gentil.

Recién en marzo del año siguiente una nave española proveniente de China lo embarcó y lo puso a salvo en Cádiz (no sin peripecias marítimas, por supuesto). El 8 de octubre de 1771, cruzando los Pirineos, volvió a poner pie en territorio francés después de 11 años, 6 meses y 13 días de ausencia. ¿Habían terminado sus desventuras? ¡Ay, no! Al llegar a su hogar en Normandía se encontró con que sus parientes, dándolo por muerto, ¡se habían repartido sus propiedades! No sólo eso, sino que su esposa, creyéndose viuda, ¡se había vuelto a casar! Para colmo, tras su larga ausencia, ¡lo habían exonerado de la Academia de Ciencias, a cuyo nombre había emprendido su expedición! Eso, sin mencionar las ocho grandes cajas de muestras y material coleccionado arduamente en sus viajes y que no llegaron a destino.

Algunos de estos entuertos se enderezaron: pudo recuperar parte de sus bienes tras una acción judicial que le costó una pequeña fortuna. Pudo recuperar su lugar en la Academia. Se volvió a casar y tuvo una hija. En los 21 años que vivió tras su regreso a Francia se dedicó a poner en orden sus diarios y publicar la memorias de su larga expedición: Viaje por los mares de la India, hecho por orden del Rey, en ocasión del tránsito de Venus delante del disco del Sol el 6 de junio de 1761 y el 3 del mismo mes de 1769. Murió en octubre de 1792, a los 67 años de edad, habiendo batido todo récord de persistencia astronómica.

Venus volvió a pasar frente al Sol el 8 de diciembre de 1874, el 6 de diciembre de 1882, y el 8 de junio de 2004. El próximo tránsito será el 5 de junio de 2012, dentro de UN MES. Si están en el norte de Sudamérica, en Norteamérica (en México, por ejemplo, de donde vienen muchos de mis lectores), o en el Pacífico, en Asia u Oceanía, hasta en África, no se lo pierdan. Prácticamente desde todo el mundo excepto desde Sudamérica, el Atlántico y el oeste de África, algo del tránsito será visible. Busquen en Google y encontrarán mapas y horarios.


La historia de Le Gentil está contada en muchos lados. A mí la que más me gustó fue la de Helen Sawyer Hogg, publicada en su columna Out of Old Books en la revista de la Royal Society of Canada en 1951. Hay una novela de Jean-Pierre Luminet sobre el tránsito de 1761, Cita con Venus, pero no he podido conseguirla. Me gusta mucho Luminet, y lamento que no hayan editado sus libros más recientes en español.

Pregunta para espíritus curiosos: ¿Por qué la posición desde la cual Le Gentil observó el tránsito de Venus desde el mar en 1761 tiene una latitud exacta pero una longitud aproximada? ¿Eh?

La foto del tránsito de 2004 es de Wikipedia, autoría de Jan Herold (GFDL).

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