sábado, 29 de marzo de 2014

Cien mil años no es nada

Hace poco, durante la sesión de observación astronómica pública organizada en Bariloche por el Grupo Astronómico Osiris, escuché a más de uno hacer un comentario que se ha convertido en un lugar común al mirar el cielo. Y que no es del todo correcta. Atención.

El tipo mira el cielo y dice algo así:
¡Ah! ¡Pensar que al mirar estas estrellas las vemos tal como eran hace millones de años! ¡Tal vez ya ni siquiera existan!
Bueno, no es tan así. Coincidentemente apareció hace poco una viñeta de uno de mis comics favoritos, xkcd, sobre el tema. Miren:


¿Miles, millones de años luz? Sí, hay estrellas a millones de años luz, a cientos y a miles de millones de años luz de nosotros. Están en otras galaxias, y no las vemos a simple vista. Las podemos fotografiar, claro, y muchas veces ya he compartido tales fotos aquí. ¿Pero las estrellas que vemos en el cielo con nuestros propios ojos? Naaa...

Todas las estrellas que vemos en el cielo están en nuestra propia galaxia, la Vía Láctea. Es una galaxia grande, que mide unos 100 mil años luz de diámetro. La luz que pudiéramos ver llegar de una estrella del otro lado de la Vía Láctea habría sido emitida hace no más de 100 mil años. Para una vida humana es mucho (¡es la existencia entera de nuestra especie humana!), pero resulta que 100 mil años no son nada en la vida de una estrella. La inmensa mayoría de las estrellas viven miles de millones de años (como el Sol) o inclusive mucho más. Es cierto que hay estrellas (una minoría) que viven sus vidas más rápidamente, pero aún ellas existen por algunos millones de años. Y todas las estrellas que vemos a simple vista en el cielo están mucho, mucho más cerca que "algunos millones de años luz". Están a algunas decenas, algunos cientos, como mucho hay unas pocas a algunos miles de años luz de nosotros (como conté en esta nota).

Hay que decir que algunas de las estrellas que vemos a simple vista podrían no existir ya, aunque se encuentren más o menos cerca. Una de ellas es Eta Carinae, una estrella extraordinaria de la que voy a hablar más en próximas notas. Está a 7500 años luz, y cercana al final de su existencia. Tal vez en menos de 7500 años la veamos explotar de manera descomunal.

Y hay otras candidatas: Betelgeuse, a 600 años luz, y Antares a 550, también están al límite. Tal vez ya hayan explotado. Pero tal vez duren medio millón de añitos más... Gamma Velorum, la estrella llamada Regor que ya comenté aquí y de la que tengo ganas de contar algo más, está ay ay ay que exploto, a 800 años luz. VY Canis Majoris, que también tengo preparada en el bolsillo. Rho Cassiopeiae, que es la estrella más lejana visible a simple vista. Y un puñado más.


Así que no: las miles de estrellas que veis en el cielo, con enorme probabilidad siguen existiendo tal como las vemos...


Crédito: xkcd tiene licencia CC-BY-NC de Randall Munroe. Es buenísimo. La versión en español es mía, misma licencia CC-BY-NC de Guillermo Abramson.

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sábado, 22 de marzo de 2014

El universo oculto

En el Cielo las Estrellas no es un sitio de noticias astronómicas, como saben mis lectores. Pero cada tanto hay una noticia tan sensacional que no puedo dejar de escribir algo. Esta semana se anunció un descubrimiento fenomenal: la evidencia de la inflación cósmica en la polarización del Fondo Cósmico de Microondas. Es algo difícil de explicar, pero es realmente un descubrimiento histórico, así que voy a hacer un intento, aunque yo mismo apenas entiendo rudimentariamente la teoría. Pero la idea fundamental se puede transmitir, y también lo que significa para la cosmología y para la cultura en general. Inspiro profundamente y empiezo.

El universo temprano está oculto tras el velo del Fondo Cósmico de Microondas. Esta radiación, que proviene de todo el cosmos con pasmosa homogeneidad, es la más antigua que podemos ver. ¿Por qué? Porque antes el universo era opaco. En años recientes hemos llegado a conocer este lejano susurro del universo bebé gracias a observatorios espaciales como WMAP y Planck. La imagen de aquí al lado es el cielo entero relevado por Planck. No se dejen engañar por las irregularidades. Los distintos colores corresponden a desviaciones ínfimas, de menos de un cienmilésimo de Kelvin, respecto del valor uniforme de 2.72548 Kelvin (es habitual referirse a esta radiación mediante la temperatura del cuerpo negro equivalente). Gracias a esas pequeñas fluctuaciones sabemos que el universo tiene 13 mil ochocientos millones de años de edad, y que el Fondo viene de cuando tenía apenas 380 mil años, y era muy distinto del de hoy en día.

"Vemos" lo que pasó antes con los anteojos de la teoría. LaS teoríaS, plural, ya que son más bien un conjunto de modelos matemáticos posibles cuyas discrepancias sólo se podrán zanjar mediante observaciones. Precisamente, el experimento BICEP2 ha visto en el velo unas arrugas que vienen de antes del Fondo. De un tiempo inimaginablemente temprano, tan temprano que ni siquiera existían las partículas subatómicas que conocemos, los electrones, los quarks, hasta el famoso Higgs. El evento empezó cuando el universo tenía

0.00000000000000000000000000000000001 segundos

y terminó cuando cumplió los

0.000000000000000000000000000000001 segundos.

Parece corto, pero para el propio Universo, que en esa época era tan joven, el evento duró muchísimo. Durante ese santiamén ocurrió una expansión inimaginablemente feroz, y el tamaño del universo aumentó

100000000000000000000000000 veces.

Después de este exabrupto el universo siguió expandiéndose, y lo hace hasta hoy en día, si bien a un ritmo mucho menor. El universo ya no es lo que era antes, hay que decirlo de una vez por todas.

La idea se le ocurrió a un físico llamado Alan Guth en 1979. Fue un verdadero "galerazo", a propósito para resolver varias cuestiones incomprensibles. Más arriba mencioné que esa tenue luz de microondas es extraordinariamente homogénea. Miramos hacia la constelación de la Osa Menor y vemos que el universo brillaba hace 13799 millones de años a 2.72548 Kelvin (enfriados a nuestra época por la expansión). Miramos hacia la constelación del Octante, que queda para el otro lado en el cielo, y vemos que el universo brillaba hace 13799 millones de años a 2.72548 Kelvin. Y eso en cualquier dirección. ¿Cómo puede ser? El universo no es suficientemente antiguo como para que esas regiones tan distantes hayan podido estar en contacto entre sí, de manera que sus temperaturas fueran tan iguales. ¿Será una casualidad?

A Alan Guth se le ocurrió un mecanismo para explicar ésta y otras rarezas del universo: que sea tan exactamente homogéneo, plano e isótropo. En su cuaderno de trabajo lo llamó SPECTACULAR REALIZATION. Era el 7 de diciembre de 1979. Tenía 32 años. Hoy lo conocemos como inflación cósmica. Al mecanismo, no a Alan. A lo largo de las décadas del 80 y del 90 los astrofísicos desarrollaron esta idea, y propusieron que debía haber rastros medibles en la radiación del Fondo Cósmico de Microondas. No estoy seguro de la historia exacta, pero nuestros compatriotas Matías Zaldarriaga y Diego Harari deben haber sido de los primeros en calcularlo a principios de los 90. Diego trabaja en el Instituto Balseiro y en el Centro Atómico Bariloche, e insiste en que su participación fue muy menor.

Todo esto parece realmente un disparate teórico, y hasta cierto punto es así. ¿Hasta qué punto? Hasta que se lo mide, como acaba de hacer BICEP2. La física es una ciencia experimental, y la única verdad es la realidad. BICEP2, un telescopio de apenas 26 cm de apertura, acaba de lograr la proeza observando desde el Polo Sur. Es muy probable que el análisis de las observaciones de Planck, previsto para dentro de algunos meses, confirme el fenomenal descubrimiento.

¿Qué significa para nuestra vida cotidiana? No mucho. Casi nada. ¿De qué sirve saber que el mundo es esférico, en lugar de plano? De nada, tal vez por 2000 años, hasta que sirve. Pero no es sólo eso. El universo es lo que somos. Y si queremos entender de dónde salió nuestro universo, toda la energía y la entropía y la materia y las interacciones que han dado lugar a la era de las estrellas en la que vivimos, tenemos que entender lo que pasó antes del Fondo de Microondas. Si queremos entender cómo funciona realmente la Relatividad General (que permite funcionar, entre otras cosas, los navegadores GPS) y cómo se ensambla con la Mecánica Cuántica (que nos ha dado toda nuestra civilización tecnológica) tenemos que entender ese universo temprano. Y que podamos hacerlo, desde tan lejos, desde tanto tiempo después, usando el poder de la ciencia y la ingeniería, es un logro cultural extraordinario.


Notas y créditos:

El Kelvin es la unidad de temperatura absoluta que usamos los físicos. Se llama así, Kelvin, no "grado Kelvin". El tamaño de un Kelvin es igual al de un grado Celsius, así que es fácil imaginarlo. La escala, sin embargo, comienza en -273 grados Celsius. La temperatura de 2.7 Kelvins del Fondo de Microondas es la de un cuerpo a -270 grados centígrados.

El cuerpo negro aparecerá en breve, tengo la nota escrita pero esta noticia se adelantó.

La imagen del Fondo Cósmico de Microondas es de ESA and the Planck Collaboration. La imagen del cuaderno de Alan Guth está por todos lados en la Web, y no sé quién la distribuyó. En todo caso, el crédito es de Alan Guth. La imagen de la polarización del Fondo Cósmico de Microondas es de BICEP2.

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sábado, 15 de marzo de 2014

Ocultismo

Conjunciones, eclipses, tránsitos, ocultamientos... Siempre que un cuerpo celeste se acerca o tapa a otro en el cielo es una encantadora oportunidad para la observación y la fotografía. Aquí en el blog he mostrado y comentado muchos de estos eventos, incluyendo un raro eclipse anular de Sol, y el extraordinario y más raro aún tránsito de Venus delante del Sol, que tuve la suerte de presenciar en 2012.

Sin duda, los ocultamientos de planetas por la Luna se encuentran entre mis favoritos. Debido a rarezas orbitales estos fenómenos suelen venir en rachas, y este año hay una increíble racha de ocultamientos de Saturno. Empezó en diciembre de 2013, en realidad, con dos ocultamientos visibles desde la Antártida. Siguió el 25 de enero, con un ocultamiento diurno visible desde la Argentina, que me perdí pero que Enzo De Bernardini compartió en fotografías. En total son 13 eventos. Aquí están todos ellos, mapeados por Occult 4, que genera estos simpáticos mapitas indicando dónde son visibles desde la Tierra.


Lejos, los más interesantes para la Argentina son el del 17 abril en horas de la madrugada, y el del 7 de julio poco antes de la medianoche. En los mapas, las líneas blancas delimitan la región donde el ocultamiento es visible de noche. Las líneas rojas corresponden a ocultamientos diurnos. Los óvalos celestes son las posiciones extremas donde el ocultamiento es visible justo en el horizonte.
 
Como se puede ver en los mapas, además de los dos mencionados hay un evento esta semana. En la noche del 20 al 2l la Luna ocultará a Saturno para observadores en el Atlántico y en buena parte de Brasil. Para quienes no estemos dentro de la franja de ocultamiento, de todos modos, Saturno estará muy cerca de la Luna, y puede ser una linda vista, desde la misma salida de la Luna por el horizonte del este (aproximadamente a las 22 horas del día 20 para observadores en la Argentina).

Los ocultamientos planetarios son eventos lentos, y la hora exacta depende de cada lugar. Así que lo mejor es que cada uno esté atento en la noche correspondiente para observar tanto la desaparición del planeta como su reaparición horas después. Se puede ver a simple vista (aunque la Luna puede deslumbrar bastante), pero a través de un telescopio con el que se puedan ver los anillos de Saturno será mucho mejor. Hice unas representaciones del comienzo de los eventos en Stellarium. Ojo que la hora que aparece al pie de cada imagen corresponde a un observador en Bariloche o cerca. Si estás en Buenos Aires, Salta o México, te conviene revisar tus propias circunstancias locales con Stellarium, que es muy fácil de usar.

El 17 de abril Saturno desaparecerá detrás de una Luna casi llena por el borde iluminado. Dos días antes, durante la Luna llena el 15 de abril, hay un lindo eclipse total de Luna, también pasada la medianoche.

El evento de la noche del 7 al 8 de julio encuentra a la Luna en fase gibosa menguante, y Saturno desaparecerá como por arte de magia al encontrar el borde oscuro de la Luna. La hora es más favorable, comenzando antes de la medianoche. Pero hará más frío... La noche anterior la Luna ocultará al planeta Marte, evento visible desde casi toda Sudamérica (excepto la Argentina y Uruguay), toda Centroamérica y parte de México. ¡Atentos lectores de esas latitudes!


Recursos: Occult 4, el Astronomical Almanac on line, un sitio japonés que muestra unos buenísimos mapitas animados, y Stellarium.

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sábado, 8 de marzo de 2014

Brote del alba

Si uno se pone a cantar
Un cochero lo acompaña 
Y en cada vaso de vino 
Tiembla el lucero del alba.
 ¿Qué es el lucero del alba? Casi todo el mundo sabe que el lucero del alba es el planeta Venus. Y también el lucero del ocaso. Sin embargo mucha gente confunde al planeta Júpiter con Venus. El domingo, en Paso de las Nubes, escuché a varias personas cayendo en este error cuando Júpiter apareció en el cielo del atardecer. El origen de la confusión es que Júpiter es también muy brillante, si bien nunca tanto como Venus.

En estos días Júpiter brilla intensamente al caer la noche en el cielo del Norte (para los que estamos en el hemisferio Sur). Es el planeta que observamos la semana pasada en la sesión pública que comenté aquí. Inclusive hay allí una foto de mi telescopio apuntando al planeta gigante, visible aun con luz de día.

¿Pero entonces de qué hablamos, del lucero del alba o del lucero del ocaso? Bueno, de las dos cosas. Yo creo que parte de la confusión en estos días es que Venus, justamente, es visible al alba, y no al atardecer. De manera que al caer la noche Júpiter brilla solito, como el brote del alba.

Es fácil entender por qué Venus es tanto el lucero del alba como del ocaso. La órbita de Venus es más chica que la de la Tierra, de manera que siempre lo vemos cerca del Sol en el cielo. En Stellarium se puede marcar la órbita de un planeta, y la de Venus, en estos días, se ve así (la hora es el mediodía solar para que se vea entera la órbita, mirando al Norte):


Para que se aprecie la escala de esta ilustración marqué también la distancia angular entre el Sol y Venus, que es de unos 46°. ¿Cuánto es esto? Si extendemos los brazos, y ponemos las manos con los dedos extendidos, pulgar contra pulgar, es la distancia entre los extremos de los meñiques. En estos días, como se ve, está al Oeste del Sol y en su máxima elongación, de manera que podemos verlo sobre el horizonte del Este antes de que salga el Sol. Es el lucero del alba, la última "estrella" en apagarse, como Balderrama, antes del amanecer. Es increíblemente brillante. Vale la pena levantarse a eso de las 6 para verlo aunque sea una vez. Si lo hacen en estos días tal vez puedan ver también al planeta Mercurio. También él, por qué no, con pretenciones de lucero.

Venus se mueve en esa órbita, de manera que a lo largo del tiempo, de los meses, llegaremos a verlo casi directamente frente al Sol. Así estará el 24 de octubre de este año. Cuando pasa por esta posición el resplandor del Sol no nos permite verlo. A menos que pase exactamente delante del Sol. Son los rarísimos tránsitos de Venus, que ya comenté y que tuve la suerte de presenciar.

El tiempo pasa y finalmente Venus llega a estar al Este del Sol, así (junio del próximo año, por ejemplo). Cuando está en esta posición no es visible de madrugada. En cambio, está todavía sobre el horizonte cuando el Sol se pone por el horizonte occidental. Son los meses en que Venus se convierte en el lucero del ocaso. Es la primera "estrella" en empezar a brillar al caer la noche.

El planeta Júpiter, como les decía, en estos días se ve casi exactamente al Norte al caer la noche. Miren la ilustración en Stellarium: ¡está a más de 100° del Sol! Claramente esa luminaria crepuscular en el cielo del Norte no puede ser el planeta Venus, que nunca se aparta del Sol menos de la mitad de esa distancia. Sólo los planetas cuyas órbitas se encuentran por fuera de la de la Tierra pueden encontrarse, en el cielo, tan lejos del Sol, inclusive en la dirección exactamente opuesta al Sol.

¡Pero Júpiter también se mueve en su órbita! Así que, cada tanto, inclusive Júpiter puede estar cerca del Sol y funcionar casi como un lucero. Es el caso de esta circunstancia, fíjense, el 27 de diciembre de 2017. Venus no está por ningún lado en el cielo del amanecer. Estará muy cerquita del Sol, y ambos debajo del horizonte. Y Júpiter, para un observador casual (pero no para un lector de En el Cielo las Estrellas, of course) sería fácilmente confundido con Venus. Vale la pena decir que el Júpiter más brillante, de todos modos, es casi 10 veces menos brillante que el mejor Venus.

Finalmente, para contribuir a la confusión general, hay que decir que ambos planetas pueden verse al mismo tiempo, ya sea en el cielo del amanecer o en el del atardecer. Son preciosos crepúsculos con dos luceros, contradiciendo la letra de la zamba. Llamamos a estos eventos conjunciones, y en este blog somos fanáticos de las conjunciones. Ya han aparecido más de una vez. Y termino con esta preciosa conjunción en el invierno del año que viene, con Venus y Júpiter increíblemente cerquita. Espero que esté despejado, así podemos verla.




Ilustraciones preparadas con Stellarium. El paisaje es el de la ya inexistente cancha de fútbol del Centro Atómico Bariloche. La Zamba de Balderrama tiene letra de Manuel J. Castilla y música del Cuchi Leguizamón.

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sábado, 1 de marzo de 2014

Sombras nada más...

El año pasado el robot Cassini, en órbita de Saturno, tomó una serie de fotos del planeta gigante a contraluz, lo cual permite observar una cantidad de fenómenos que con luz directa no se ven. En la enorme panorámica se colaron varios otros planetas, incluida la Tierra, lo cual sirvió para organizar una campaña de saludos para "salir en la foto".

Me encanta la foto, aparte del hecho de que yo mismo salí en ella. La cantidad de detalles es enorme, y en particular me divertí con la identificación de las muchas luces y sombras. Voy a señalar las que más me gustaron. Primero la panorámica completa, para deleitarse. La reduje considerablemente para ponerla aquí, pero busquen la imagen original que tiene 9000 pixels de ancho:


No es la imagen más tradicional de Saturno, ¿no? El extraño aspecto se debe a que, como dije antes, la iluminación es a contraluz. El Sol está oculto detrás del planeta. Nada de lo que vemos está iluminado directamente. Es toda luz dispersada. Tan sólo algunos satélites y los otros planetas, que a esta escala son casi imperceptibles, están iluminados directamente por el Sol. Ahora los comento, pero primero la panorámica anotada para que me sigan.


Arriba y a la izquierda de Saturno, como embebidos en los anillos pero en realidad mucho más lejos, están Marte y Venus. Estoy seguro de que no se ven en la versión reducida de la imagen, así que voy a ir poniendo recortes de escala completa de cada detalle para que se vean mejor. Acá están. No se ve gran cosa a semejante distancia, por supuesto, pero si se fijan bien verán que Marte es rojito y Venus blanco.

Del otro lado, abajo y a la derecha de Saturno, y bastante más brillante que Marte o Venus, aparecen la Tierra y la Luna. En este recorte puse las dos imágenes obtenidas por Cassini, una tomada con la lente de campo ancho (en la que no se distingue la Tierra de la Luna), y la otra tomada a través del teleobjetivo, que muestra a la Luna claramente, más chiquita y más oscurita que la Tierra. Es una preciosa foto, especialmente para reflexionar sobre lo que alberga ese puntito celeste.

Varios de los principales satélites de Saturno también son destacables. Hay dos de ellos, Mimas y Encélado, que valen la pena mostrar en detalle. Iluminados por el Sol, proyectan su sombra sobre la miríada de partículas de hielo que forman los anillos. Así se ve Mimas, una delgada creciente. El anillo celeste que se ve cruzando esta imagen es uno de los anillos difusos de Saturno, el anillo G, que el propio Mimas contribuye a crear y mantener ordenado con su influencia gravitatoria. Mimas mide apenas 400 km de diámetro, es el objeto más pequeño conocido que es esférico por acción de su propia gravedad, es el satélite responsable de la División de Cassini en los anillos principales, ¡y es sorpendentemente parecido a la Estrella de la Muerte de Star Wars!

El otro satélite que vemos proyectando su sombra es Encélado. Éste es el recorte. Encélado está en una configuración distinta que Mimas en su órbita, y lo vemos mitad iluminado y mitad de noche. La sombra se proyecta sobre el anillo E, el más difuso de todos, y que el propio satélite produce con sus vapores. En la foto se ven, por debajo, las plumas de vapor que producen sus géiseres en el polo sur. Cassini ha tomado imágenes mucho más detalladas de este raro fenómeno, por supuesto, y vale la pena mostrar esta otra foto, en la que el pequeño satélite ¡parece estar impulsado por sus propios cohetes! Encélado es de hielo, como todos los satélites de Saturno, y aparentemente el masaje gravitatorio del planeta mantiene parte de este hielo en estado líquido en reservorios subterráneos, alimentando este vulcanismo helado. Mide apenas 500 km de diámetro, así que parte de estos vapores escapan a la débil gravedad del satélite, contribuyendo al anillo E. Y otra parte debe nevar sobre la superficie, seguramente contribuyendo a que Encélado sea el objeto más blanco del sistema solar, reflejando el 99% de la luz que recibe.

Todas estas sombras proyectadas sobre los anillos pueden parecer un raro fenómeno astronómico. Pero no es distinto que las habituales sombras que forman los rayos crepusculares, por ejemplo cuando vemos desde el baño de casa la sombra del Cerro Catedral al atardecer proyectada sobre la bruma atmosférica.

El juego de luces y sombras más sorprendente se da con el planeta y sus anillos. Aquí hay una versión anotada para guiarse:


Al principio puede confundir la orientación tridimensional del sistema de anillos: pasan entre nosotros y el planeta por el lado de arriba, y detrás del planeta por el lado de abajo. ¿OK? Fíjense que el brillo de los anillos es muy distinto del que estamos habituados a ver desde la Tierra, o en imágenes de Saturno iluminado de frente, como ésta:


Aquí está el recorte de los anillos a contraluz. Los vemos brillar por un efecto de dispersión de la luz incidente, a diferencia de la luz reflejada de las imágenes habituales. El anillo más brillante con luz reflejada es el B. Así que es el que deja menos luz disponible para la dispersión, y por eso en esta imagen lo vemos más oscuro. La División de Cassini, entre los anillos A y B, que es tan oscura en las imágenes habituales, es brillante a contraluz. El anillo F es completamente invisible visto de frente, y sin embargo es el más brillante en esta perspectiva. Los anillos difusos G y E muestran unas zonas brillantes por arriba y por abajo. No son regiones más densas, sino que se trata también de un efecto de dispersión llamado forward scattering.

La más confusa de todas las regiones es ésta. Aquí vemos un intrincadísimo juego de luces y sombras que cuesta interpretar. Rodeando el planeta vemos un círculo brillante: es luz dispersada en la atmósfera de Saturno. Como estamos viendo la mitad nocturna del planeta, esa corona separa la noche del día de Saturno, que está del otro lado. En otras palabras, son todos los amaneceres y todos los atardeceres de Saturno. Es el mismo efecto que produce el color rojo durante los eclipses de Luna en nuestro planeta, como ya he contado antes.

Por otro lado vemos los anillos a contraluz, que ya comenté arriba. En la parte superior de la imagen, donde los anillos se cruzan entre el planeta y la cámara, vemos que no llegan hasta el borde brillante de la atmósfera. Están interrumpidos antes por una cuña muy oscura. Esa oscuridad es la sombra de Saturno sobre los anillos. Allí el planeta bloquea la luz incidente del Sol, y no hay luz dispersada.

Pero luego los anillos reaparecen, bloqueando parcialmente la corona brillante de la atmósfera y esa luminosidad tenue del propio planeta. Estamos viendo los anillos, en sombra, ocultando la luz de Saturno. El más oscuro es el anillo B, que es más denso. El anillo F, tan brillante a contraluz, es tan delgado y tenue que desaparece. En la región del anillo C (el más interior) vemos delgadísimos anillitos individuales.

En la mitad inferior de la imagen, donde los anillos pasan detrás de Saturno, también vemos un oscurecimiento en la corona brillante de la atmósfera. ¿Qué es eso? Acá el planeta está por delante de los anillos. Así que es la sombra que los anillos proyectan sobre el planeta, algo que por supuesto nunca vemos desde la Tierra. En la foto que muestra el lado diurno que puse arriba se ven estas sombras, asomando debajo del anillo.

En esta imagen también se ven, cerca del borde exterior del anillo A, unas estructuras irregulares. Durante el equinoccio en Saturno, Cassini pudo observar que estas estructuras son colosales amontonamientos de partículas en los anillos, que se arman y se desarman dinámicamente proyectando sombras sobre las partes más suaves del sistema. Algunos satélites también producen estructuras, como ondas de densidad, que viajan por los anillos. Pero no pude localizar ninguna de éstas en la foto.

¿Y la luz que ilumina la noche de Saturno? ¿De dónde viene? ¡De los anillos! La cara brillante de los anillos ilumina brillantemente el hemisferio norte. Y un poquito de luz dispersa por la cara oscura de los anillos ilumina más tenuemente el hemisferio sur. La parte más oscura de la noche de Saturno es el ecuador, donde los anillos se ven de canto, así que no iluminan ni con luz reflejada ni con luz dispersa. Si uno fuera un astrónomo aficionado en Saturno preferiría poner su telescopio en el ecuador...

Bueno, suficiente. Este tipo de cosas son las que hacen de Cassini mi robot espacial favorito...


Crédito de las imágenes. Todas las fotos son de NASA/JPL/Cassini, editadas por Guillermo Abramson. Tengo versiones de más resolución por si alguien las quisiera. Pedid y os será dado.

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