sábado, 12 de agosto de 2017

Eclipses, eclipses, eclipses

A menos que vivas en la proverbial burbuja, seguramente sabés que el próximo 21 de agosto hay un eclipse de Sol. Desde toda Norteamérica, América Central y el Caribe, y toda la región ecuatorial de Sudamérica, el Sol se verá eclipsado en mayor o menor medida. El eclipse será total desde una estrecha franja que cruza los Estados Unidos de costa a costa.

Si podés viajar, viajá. Y si no podés, fijate que en los próximos años habrá dos lindos eclipses totales en Sudamérica, cruzando Chile y Argentina. Uno será en pleno invierno en 2019, y el otro en pleno verano de 2020. Mirá estas simulaciones de la sombra de la Luna sobre la Tierra, y andá planeando a dónde vas a ir a verlos (poné pantalla completa)...



Si estás cerca de la línea de totalidad, si estás donde el eclipse será del 90%, no te conformes. Aunque sea del 99.5%, no te des por satisfecho. La diferencia entre un eclipse parcial del 99.5% y uno total no es de 0.5%. Es de cien por ciento. La superficie brillante del Sol (la fotósfera) es tan brillante que sólo cuando está completamente oculta por la Luna el cielo se oscurece como si fuera de noche, y puede verse la corona del Sol, una especie de atmósfera muy extendida formada por filamentos caprichosos siempre distintos, que obedecen al campo magnético solar.

En febrero de este año tuvimos un hermoso eclipse anular cruzando la Patagonia. La Luna ocultó más del 97% del Sol. Se sintió un descenso de temperatura de varios grados. Pero definitivamente fue un eclipse parcial: con cielo celeste, sin estrellas, y el Sol se podía mirar directamente sólo a través de un filtro muy oscuro. Las fotos tan lindas que tomamos son engañosas porque están tomadas a través de esos filtros:


Durante un eclipse total, en cambio, sin filtro alguno, se puede ver y fotografiar esto:


Hacé lo imposible. No te los pierdas.


La foto del eclipse total es de Luc Viatour, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1107408.

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sábado, 5 de agosto de 2017

La Inmaculada y la Maculada

En Roma hay cuatro basílicas papales, las del más alto rango entre las iglesias católicas: San Pedro (en el Vaticano), San Giovanni in Laterano (la catedral de Roma, una archibasílica que ostenta el título de Madre y Cabeza de Todas las Iglesias de la Ciudad y del Mundo, niente meno), San Pablo Extramuros (un poco lejos, como su nombre lo indica, así que no fui), y Santa María Maggiore, muy cerca de Roma Termini, que parece una iglesia incrustada en un palacio.

Lo que me llevó a visitarla fue un detalle particular: la cúpula de la Capilla Paulina, pintada al fresco por Ludovico Cigoli. Me encontré con que estaba destinada a la oración de los fieles, así que me quedé afuera para poder sacar fotos. No pude ver la cúpula entera, pero por suerte sí la parte que me interesaba. Ahí en medio vemos una Inmaculada, ahora se las muestro más grande.

Como corresponde a una iglesia de semejante categoría, todo es enorme. De manera que para verla en detalle tuve que recurrir a un artilugio popularizado por un amigo del artista: tuve que usar un pequeño telescopio. Sí, Cigoli era gran amigo de Galileo Galilei, quien lo consideraba el mejor pintor de su época.

La Virgen aparece representada, según una iconografía habitual desde la Edad Media, como la Mujer del Apocalipsis: "En esto apareció un gran prodigio en el cielo, una mujer vestida del sol, y la luna debajo de sus pies, y en su cabeza una corona de doce estrellas" (Revelación, 12).

Efectivamente, está parada sobre la Luna. Pero no cualquier luna. Cigoli pintó LA Luna, la que su amigo había mostrado, a través del telescopio, en toda su rugosa mundanidad.

La representación habitual de esta escena muestra siempre una Luna lisa, una Luna celestial, hecha de una materia perfecta, divina y distinta de la Tierra. Las evidentes manchas de su superficie, que vemos incluso sin telescopio, se atribuían a que por su proximidad su superficie impoluta reflejaba las imperfecciones terrestres. Aquí hay varias que fui fotografiando en Roma. La de Cigoli bien podría ser la única del mundo con una Luna realista.


He aquí el detalle, rotado y conformado para recuperar la esfericidad perdida por la perspectiva. Podemos ver numerosos cráteres en la parte iluminada, inclusive algunos con sus macizos centrales, y especialmente a lo largo del terminador (la línea que separa el día de la noche lunares). Y en medio de la oscuridad de la noche sobresalen los picos iluminados de las montañas, las que Galileo midió con notable exactitud como más altas que los Alpes. Vemos, inclusive, que la noche lunar no es tan oscura como los pliegues más oscuros del vestido: es tal vez la luz cenicienta, que Galileo también señaló en sus observaciones.

A mí me parece que la Luna representada por Cigoli no es ninguna de las cinco que figuran en Sidereus Nuncius, donde Galileo da cuenta de sus primeros descubrimientos astronómicos. Ésas son cuatro lunas en cuarto y una creciente de cuatro días. Para mí que es esta otra, una luna de cinco días que aparece en segundo lugar en las acuarelas cosidas al manuscrito de Sidereus Nuncius. Es probablemente una observación del 1 de diciembre de 1609, tal vez la segunda a través del telescopio.

Reproducida en el Virtual Moon Atlas se ve así. Dos grandes cráteres en el terminador podrían estar en la pintura de Cigoli: Picolomini o Fracastorius.

La naturaleza de la Luna como un mundo con montañas, valles y planicies fue uno de los mayores descubrimientos de Galileo. Al observar que la Luna era como la Tierra, naturalmente eso quería decir que la Tierra era como la Luna: un astro vagabundo, un planeta, aunque montados sobre ella no lo notemos. El copernicanismo cobraba ímpetu al recibir evidencia física. En pocos años llevaría a Galileo a escribir el Diálogo sobre los dos Sistemas del Mundo, y al consiguiente juicio y condena a prisión domiciliaria de por vida, fijate un poco. Mientras tanto la manifiesta injusticia de su condena quedaba plasmada artísticamente allí arriba, en un rinconcito de una de las iglesias más sagradas de la Cristiandad.


La datación de las observaciones de Galileo es complicada. Mi favorita es la de Whitaker, Galileo's Lunar observations and the dating of the composition of "Sidereus Nuncius", J. His. Astron. 9:155-169 (1978).

También es interesante The Virgin and the Telescope: The Moons of Cigoli and Galileo, de Booth y van Helden, Science in Context 14:193-216 (2001).
 
Las fotos son mías. La acuarela de la Luna es de Galileo. La simulación de la Luna está hecha con el Virtual Moon Atlas

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