sábado, 2 de noviembre de 2013

El cometa de Newton

En 1680 y 1681 dos grandes cometas cruzaron los cielos de la Tierra. En esos años todavía la aparición de un cometa daba un poco de miedito. Estos visitantes inesperados siempre presagiaban portentos y desgracias. ¡Dos en rápida sucesión! Agarrate Catalina.

El primero, en noviembre de 1680, fue brillantísimo, visible en pleno día. Su movimiento lo llevaba derecho al Sol día tras día, hasta que se perdió en su resplandor a fin de mes. A mediados de diciembre apareció otro cometa, éste alejándose del Sol, y luciendo una larguísima y brillante cola. Aquí lo vemos sobre Amsterdam, en una pintura holandesa de la época que salió esta semana en la APOD.

Lejos de la superchería apocalíptica, los astrónomos se dispusieron a estudiar los cometas como un fenómeno natural, como correspondía a una época que por algo hoy conocemos como la Revolución Científica. En Londres Christopher Wren, Robert Hooke e Isaac Newton midieron cuidadosamente sus posiciones. Edmund Halley, en camino a Roma por asuntos oficiales de la Royal Society, se demoró en París observando junto a Giovanni Cassini. Astrónomos de toda Europa mandaron sus observaciones a la Royal Society para contribuir al esfuerzo científico. Un poco como el Bureau de Telegramas Astronómicos de hoy en día (sí, se sigue llamando "de telegramas").

Un par de meses después, tras estudiar cuidadosamente los datos recibidos, el Astrónomo Real John Flamsteed llegó a la conclusión de que los dos cometas eran uno solo, uno y el mismo, que había dado la vuelta al Sol y aparecido del otro lado. Newton no se lo creyó. Para hacer lo que decía Flamsteed el cometa debía haber dado una vuelta súper cerrada alrededor del Sol, algo que ningún otro cuerpo celeste hacía. Si bien la idea de la gravitación universal se le había ocurrido en 1665, como hemos contado, Newton aún no había desarrollado la teoría en detalle, y mucho menos calculado las posibles órbitas de los cuerpos celestes. Pero la observación del cometa, y en particular el descubrimiento de Flamsteed, fueron el disparador de un frenesí de desarrollo teórico.

Le llevó un par de años, pero en algún momento entre 1681 y 1684 Newton cambió de idea. Se convenció de que los dos cometas eran el mismo, y que realmente el cometa había dado una vuelta cerradísima alrededor del Sol (como ilustra este diagrama en sus Principia Mathematica). Había descubierto, en su teoría, que los cuerpos celestes podían describir órbitas elípticas, como los planetas que se mueven de acuerdo a las leyes de Kepler. Pero también podían moverse en trayectorias parabólicas. Y las observaciones del Gran Cometa de 1680 encajaban perfectamente con un movimiento parabólico. ¡Chan! La nueva teoría era matemáticamente sólida y científicamente revolucionaria. Y la observación del cometa fue una evidencia crucial de su validez en el mundo real. Newton lo publicó de manera prominente, sin mencionar el aporte de Flamsteed (como solía hacer).

En estos días, un cometa casi idéntico al de Newton se zambulle de cabeza hacia el Sol. Pasará a apenas 700 mil kilómetros de su superficie (el Sol mide 1 millón de kilómetros de diámetro) el 28 de noviembre. ¿Será tan notable como el de 1680/81? Todo parece indicar que sí. Lamentablemente, desde nuestra latitud no será fácil verlo. Pueden intentarlo desde este fin de semana (sin luna, que es la gran enemiga de los cometas), aunque todavía se necesitarán binoculares para encontrarlo. Pero aumentará rápidamente de brillo durante noviembre, así que no hay que perder oportunidad. Después de su paso tras el Sol será cada vez más difícil (para nosotros) verlo. Una lástima, porque seguramente hará una gigantesca cola al calor del Sol.

El cometa (C/2012 S1 ISON) es visible antes del amanecer en el cielo del Este. Esta carta está hecha para mañana domingo a las 5:00 hora argentina. Usen Regulus (α del León) y el planeta Marte para buscarlo. Ojo: ni el cometa ni su cola son todavía visibles a simple vista. No me vengan con reclamos. Pero aumentará de brillo con el correr de los días, a medida que se mueva hacia abajo y a la derecha, hacia donde está el Sol. ¡Buenos cielos!



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