sábado, 20 de agosto de 2016

Aplauso, medalla y beso

A menos que vivas en un táper, seguro escuchaste en algún momento de estas dos semanas olímpicas que las medallas de oro no son de oro: son de plata 925, recubiertas de 6 gramos de oro. Imagino que las razones deben ser económicas. Igual oro, plata, cobre, zinc, cadmio, níquel... todo viene de una explosión de supernova.

Pero hay otras medallas de oro que sí son de oro: las de los Premios Nobel. Hasta hace poco eran de oro macizo de 23 kilates (96% oro). Desde 1980 son de oro de 18 kilates (75% oro), recubiertas de oro puro de 24 kilates. Y hay una medalla Nobel, mejor dicho dos, de las que hace rato tenía ganas de comentar algo, y no voy a esperar hasta los próximos Juegos Olímpicos.

Max von Laue, físico alemán, recibió el Premio Nobel de Física en 1914 por su descubrimiento de la difracción de rayos X en cristales. Fue un físico experimental y teórico extraordinario, con contribuciones en muchas áreas. Fue además un excelente docente y organizador de actividades académicas. Era amigo de Einstein, de Nernst, de Meissner, de Franck, de Fritz-Haber, de prácticamente todos los físicos alemanes de la época. Durante el régimen nazi von Laue fue un abierto opositor, particularmente de las persecuciones en el ámbito académico. En 1933, cuando Hitler asumió el poder, Einstein estaba de viaje en el extranjero y ya no regresó a Alemania. Von Laue protegió y organizó la emigración de muchos científicos judíos. Además, se opuso públicamente a la "Deutche Physik" de Stark, defendió a Fritz-Haber (que tuvo que escapar de su patria por la que había hecho tanto), y organizó una ceremonia en su honor cuando éste falleció en 1935. Cuando los nazis empezaron a confiscar el oro, von Laue y Franck contrabandearon sus medallas Nobel a Copenhagen, donde las pusieron al cuidado de Niels Bohr.

En 1940, ya desatada la guerra, Alemania invadió Dinamarca, que se rindió. Cuenta Gyorgy de Hevesy, químico del Instituto Bohr, que el día de la ocupación de Copenhagen lo encontró preocupado a Bohr, porque si los nazis encontraban las medallas no sólo las confiscarían, sino que seguramente le costaría la cabeza a von Laue, porque sacar oro del país era un grave delito (Franck ya estaba en Estados Unidos). "Enterrémoslas," dijo de Hevesy. "No, seguro que van a revisar el jardín," dijo Bohr. "Entonces las disuelvo," dijo el químico. El oro es un metal noble, muy resistente a la corrosión. Nada lo corrompe ni lo disuelve, excepto... ¡el agua regia! Una solución de tres partes de ácido hidroclórico y una parte de ácido nítrico es lo único que disuelve el oro (además de la sangre del Alien). De Hevesy disolvió las medallas, cerró el frasco y lo acomodó en un estante de su laboratorio. ¿Le habrá puesto una etiqueta falsa? ¿Y si alguien lo usaba para un experimento? No lo sabemos. La cuestión es que en 1943 los nazis decidieron exterminar a los (pocos, unos 8000) judíos daneses. El propio de Hevesy, católico de abuelos judíos, puso pies en polvorosa y escapó a Estocolmo. La mudanza le ahorró un viaje, ya que apenas llegado la Academia Sueca le dio su propio Nobel de Química, por el descubrimiento del hafnio.

Terminada la guerra alguien (parece que uno de los hijos de Bohr) recuperó el oro precipitándolo de la solución. Lo enviaron a la Academia Sueca, que volvió a acuñar las medallas de von Laue y de Franck, y les fueron restituídas a ambos. Von Laue fue detenido por los ingleses, como muchos otros físicos alemanes, para investigar su participación en los proyectos nucleares nazis y también para evitar que los capturaran los soviéticos. En detención escribió un paper para el Acta Chrystallographica. Junto a Hahn, Heisenberg y otros detenidos, se reunieron con el presidente de la Royal Society, pero las autoridades militares no les permitieron asistir a sesiones. En 1946 fue liberado y regresó a Alemania, donde se convirtió en uno de los reorganizadores de la Física y la ciencia alemanas. Murió en 1960 a los 80 años de edad, yendo al laboratorio, cuando su auto fue atropellado por un motociclista borracho.


El exterminio de los judíos daneses afortunadamente fracasó: los daneses se organizaron en secreto y los salvaron a casi todos mandándolos a Suecia (tal vez de Hevesy fue uno de ellos). Niels Bohr no disolvió su propia medalla Nobel: la subastó para mandar ayuda a las víctimas civiles de la espantosa Guerra de Invierno, cuando la Unión Soviética invadió Finlandia en 1939. La medalla fue comprada anónimamente y luego entregada al Museo Histórico de Frederikborg, donde yo la vi. Para los daneses: aplauso, medalla y beso.

Von Laue fue profesor de Enrique Gaviola en Berlín (busquen su firma en este scan de su libreta universitaria, y encontrarán otras celebridades), donde el mendocino se ganó el respeto y la amistad de muchos de los grandes físicos alemanes del momento, hoy legendarios. Al desatarse las persecuciones, Einstein desde Boston y Born desde Götingen le pidieron ayuda para rescatar científicos judíos, y Gaviola ayudó a varios. Entre ellos Guido Beck, cuya presencia fue crucial para el desarrollo científico argentino y brasileño.

Leí esta historia hace años no recuerdo dónde. Para esta nota tomé muchos datos de la Wikipedia, donde encontrarán más detalles de todos los protagonistas. Y de donde tomé las fotos (menos la de la Peque Pareto y la de la libreta de Gaviola).

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